Cha Jing, el té hecho cultura

Con elementos de poesía y filosofía el Clásico del Té, Cha Jing o Ch’a Ching (茶 经), escrito por Lu Yu, es un gran tratado sobre el té, un análisis pormenorizado que resulta en el reflejo de hábitos e ideas que han modelado la cultura del té en China y ha contribuido a su expansión, particularmente a Japón.

Aún hoy es posible encontrar traducciones del libro, pero es difícil captar el verdadero espíritu literario de la obra, escrita en un estilo poético sintético trabajado por los eruditos de la época, y asimismo comprender el conjunto que supone el detalle de investigación y análisis desde el origen, la producción, los utensillos, la elaboración y la forma de beberlo, con algunas especificaciones que pueden considerarse muy útiles hoy en día mientras otras pueden carecer de sentido.

Lu Yu vivió durante la dinastía Tang, en el siglo VIII. Adoptado por un monje budista aficionado al té, tuvo allí su primer contacto con la bebida y comenzó el interés por la planta que se convirtió en una fascinación que le acompaño toda su vida.

El té comenzaba a vivir su época de oro en todo el imperio bajo la Dinastía Tang (618-907) y era producido y consumido profusamente gracias a la transmisión oral que lo había situado como un producto no sólo de uso medicinal sino de consumo cotidiano, de forma sin embargo aún muy variada. En diferentes lugares se practicaban distintas maneras de producción y preparación con desiguales resultados. Aún no había certeza de su calidad: algunos productores distinguían la cosecha de primavera como té y las posteriores como ming o té amargo, y no había acuerdo de cómo ni cuando se debía cosechar y tratar el té.

Lu Yu dedicó muchos años a la investigación del té, visitó plantaciones, tomó muestras, indagó, estudió todo lo relativo a su origen, historia y costumbres, y plasmó todo eso en su gran libro. Al mismo tiempo lo dotó de una visión filosófica ligada a la evolución del pensamiento religioso de la época en el que el té simboliza la armonía y la unidad misteriosa del Universo.

Sus ideas tuvieron gran importancia en el desarrollo del conocimiento y rituales del té mas allá de la extensa frontera del imperio. Durante la dinastía Tang las relaciones culturales entre China y Japón fueron nutridas y comenzó a cultivarse el té en Japón.

La primera mención de un acto formal que implica el consumo de té en la cultura nipona data del siglo VIII, sin embargo en ese momento es probable que no se pareciera mucho a la ceremonia japonesa del té, tan conocida hoy en día a la que se le concede una importante influencia de este libro.

El libro abarca todos los aspectos del té y se divide en diez capítulos con el siguiente detalle:
1.- Referencias mitológicas y descripción de la planta de té;
2.- Enumeración de herramientas para la recolección, proceso y almacenamiento del té;
3.- Formas adecuadas de producción;
4.- Descripción de utensillos para elaborar y beber el té;
5.- Guía para la correcta elaboración;
6.- Variedades y propiedades del té conocidas en la época;
7.- Historias, anécdotas y registros con mención del té a lo largo de la historia;
8.- Lugares de producción en China y su diferente calidad;
9.- Omisiones permitidas tanto en la producción como en en la elaboración bajo excepcionales circunstancias;
10.- Diagramas que conforman una guia abreviada y referencia de los capítulos anteriores.

Un estudio tan amplio, tan hondo y tan particular que ha dotado al té de un sentido reflexivo y hasta trascendente para muchos, único e imposible de hallar en otra bebida, comida u objeto, y que perdura hasta nuestros días.

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