Japón contagia su propia cultura del café

En un país donde el té tiene gran importancia y la gente es tan cuidadosa de su tradición, el café también forma parte de la vida cotidiana del país y tiene su particular “ceremonia”.

Aún cuando el espresso gana adeptos en Japón, especialmente entre los jóvenes, las delicadas y cuidadas formas de elaboración manual no solo se mantienen sino que irrumpen en la escena cafetera mundial convirtiéndose en tendencia entre los aficionados del café.

Contrario a lo que suele creerse Japón es un importante mercado cafetero, importa más de 400 mil toneladas cada año (más que España), y es uno de los principales compradores de café premium.

Las primeras tiendas de café datan de la década de 1940. Durante la segunda guerra mundial los alemanes se hicieron con algo de café de Indonesia pero su consumo se expandió durante la ocupación norteamericana.

Así se iniciaron algunos cafés basados en dos pilares: la calidad del café y el manejo del producto. Aún sin máquinas de espresso, la bebida se preparaba en jarras con agua caliente vertida delicadamente sobre el café colocado en un filtro de tela, creando una estética única.

Estas cafeterías, conocidas como Kissaten aún existen y mantienen un ambiente clásico, elegante y acogedor. Pueden tostar su propio café, posiblemente de un único origen, que se bebe en una cantidad aproximadamente la mitad del tamaño de una taza de café espresso tradicional, la esencia misma del café. Para un café largo simplemente dejan caer más agua por el filtro.

La cultura japonesa del café, al menos la tradicional, valora un espresso bien hecho pero prioriza la sutileza sobre el cuerpo. La esencia de esta tradición de café, que puede ser filtrado pero también elaborado en sifón, es el respeto por el arte de hacer café. Un café sin prisa donde cada taza está cuidadosamente elaborada a pedido con gran implicación.

Esta es la tendencia que se traslada al mundo de la mano del café de especialidad, y que empresas niponas como Hario, Yama, Kalita o Porlex acompañan rescatando clásicos métodos de elaboración con instrumentos y accesorios sencillos al servicio de una buena taza.

La elaboración meticulosa con estos métodos ampliá notablemente las posibilidades sensoriales en el caso de un buen grano, aunque para captar la esencia misma de un auténtico Kissaten es necesario, por supuesto, viajar a Japón.

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